Una plaza. Mis papás se encontraron con unos amigos que tienen un conejo de mascota.
Pensaron que me podía gustar y me lo sentaron encima, en mi cochecito. Ahora el conejo me mira.
Es más grande que yo, y muy pesado. Tiene olor a pelo caliente por el sol y no tiene miedo.
Pan de azucar.
Hoy es lunes feriado.
Estuvo nublado todo el fín de semana y hoy hace un día hermoso.
Un vistazo todo blanco, otro y un conito de luz rosada.
Quiero tener un gato, pero ahora todos son muy grandes.
Ya pasó la temporada.
El veterinario me ofreció uno de raza.
Me lo mostró en un catálogo. Snowfoot, Burmilla, Pixie Bob.
Pero después me contó que era un ¨gato de verdad¨,
¨como los siameses puros, los buenos, y no como las mascotas, que son cariñosas.¨
Este gato era una furia. Había que tenerlo encerrado.
Una vez, en el patio de esta misma casa, entró un coatí y mordió a la abuela de Guille.
Los dientes como lápices afilados.
Llamaron al zoológico, y lo vinieron a buscar. No sé como lo habrán atrapado.
Un tiempo después, la misma abuela y toda la familia, lo fué a visitar a Ezeiza.
Ahora da el sol en el pasto. Y después ya en la pared de la casa, de costado.
Husmeando el vidrio sin verme, los bigotes reflejados, y no tiene cola.