Civilización y Barbarie [Argentinos contemporáneos]La muestraLa tarea de configurar una muestra colectiva resulta siempre una experiencia apasionante. El punto de partida de Civilización y Barbarie fue una lista de nombres, una selección, en función del impacto con el que estos artistas y sus obras contribuyen, a mi juicio, al modo de entender el arte de nuestros días. Con la intención de reproducir algo de la atmósfera del encuentro del artista en su taller, y la riqueza de las charlas, especulaciones e intercambio de ideas fue que propuse a los artistas que escribiesen los textos que acompañarían su presentación en el catálogo; alentándolos a hablar sobre su trabajo desde una perspectiva que permitiese salvar distancias entre el espectador y la obra y ayudase a esclarecer prácticas, intereses e inquietudes de las que cada uno de ellos participa. La presente publicación, la página web de la muestra, los desfiles de moda proyectados para algunas de las inauguraciones y el intercambio con los artistas de cada país en mesas de debate, presentaciones de obra y diálogos abiertos; son producciones que fueron concebidas como partes integrantes de un todo, que es Civilización y Barbarie [Argentinos contemporáneos] . Los artistasLas obra de Ernesto Arellano comparte cierto aire de familia con los personajes del manga japonés, que ha sido uno de los elementos inspiradores de su trabajo. En sus esculturas recientes, el artista trasmuta a esos seres de su propia creación, generando un sorprendente número de piezas de enigmática apariencia, construidas en cera y luego llevadas al bronce, perpetuándolas irónicamente como objetos de culto y contemplación. Diego de Aduriz y Manuel Brandazza trabajan juntos desde el año 2000. Las colecciones que lanzan puntualmente dos veces al año, son performances en las que los artistas no sólo son responsables del diseño de las prendas, sino también de la música, las luces y el decorado. Vestidos, pantalones, camisas, tapados y algunos de los objetos emblemáticos de su marca, son pensados como perfectas obras escultóricas, cuidadas y plenas de detalles, que permiten acercarse al universo del diseño de moda como categoría artística. Javier Barilaro escribe y pinta. Su interés manifiesto por el relato cotidiano, la imaginería de una clase social suburbana y sus modos de diversión y ocio, son recreados en cuadros inspirados en los afiches publicitarios que anuncian las presentaciones de grupos de música popular. Sus telas son también el soporte útil, que el artista usa para condensar fragmentos de información biográfica. Washington Cucurto, Fernanda Laguna y Javier Barilaro son los responsables de un solidario proyecto editorial, Eloísa Cartonera, en el que se han embarcado hace casi dos años y que lleva publicados más de cincuenta libros. Fabián Bercic construye su obra manualmente en sucesivas etapas, mezclando químicos, haciendo moldes, pintando sus angelitos a mano, con extremo rigor y detalle. Los muñecos son una síntesis personal entre una fuente indudablemente oriental y el catolicismo que forma parte de su bagaje y formación cultural. Los rostros plácidos y bellos pertenecen a ángeles que tienen asignada una virtud o poder sobre las cosas o las enfermedades, posibles de advertir por las pistas de algún atributo que el artista se encarga de incorporar. En la obra acerca del Vía Crucis, las 14 estaciones del martirio, muerte y resurrección de Cristo están representadas por otras tantas estructuras coloridas conteniendo imágenes de ángeles con expresiones sobrecogedoras de dolor y resignación. Diego Bianchi, busca con su obra y busca para su obra. Las cajas de telgopor que sirvieron en algún momento para albergar un electrodoméstico, abandonadas por inútiles e inservibles, son apiladas para construir sus edificaciones monumentales. Suele apoderarse también, de obstáculos y accidentes de la calle, alterando su volumen por la inclusión de insospechados elementos y envolviendo la masa resultante con plástico adherente. En sus intervenciones más recientes, fija a fuego membranas de protección y aislamiento de techos, haciéndolas “estallar” en paredes y superficies exteriores. El estudio de Flavia Da Rin es una encantadora caja de Pandora de donde salen dibujos trabajados con programas de computadora, algunas fotos con amigos (vistosamente ataviados para las puestas en escena de cuadros bíblicos), algunas fotos de amigos (escenas de lucha con fondo del puerto de Buenos Aires) y autorretratos iridisados en los que ella y sus clones son los personajes. Desde hace un tiempo trabaja intensamente en sus cuadernos de bitácora, compendios repletos de dibujos en colores flúo, collages y anotaciones casuales que funcionan como una biblioteca ambulante de imágenes, de donde Flavia extrae algunos de los apuntes para sus obras. Lola Goldstein dibuja y pinta sobre delicados papeles, que a veces también recorta con tijeras de corte ondulado. Las herramientas y materiales que usa, son las de un niño de jardín, en clase. Daniel Joglar es un arqueólogo urbano y refinado. Muchas veces encuentra los materiales para sus obras en librerías de barrio, como es el caso de las resmas de papel de colores, post-it , chinches, ganchos y broches, que apila y reúne escrupulosamente. En otros casos son los brillantes objetos de las casas de cotillón la materia prima para su trabajo o como últimamente, la naturaleza es la que se incorpora y provee restos de ramas gastadas y blanqueadas por años a la intemperie. Ruy Krygier narra en sus elaborados videos; historias disparatadas y complejas, con situaciones no exentas de humor, sarcasmo e ironía. Verdaderos productos acabados de un artista atento a las características bizarras de algunas escenas cotidianas, varios de ellos han sido editados en cámara, en los que el artista es autor, director y protagonista múltiple. En la obra Telgopor del año 1997, el personaje (Ruy) se dedica a apilar piezas de ese material, en infructuoso y recurrente esfuerzo, a pesar del cuál no logra mantener la estructura en pie. Silvana Lacarra materializa el silencio, y encierra el aire con sus construcciones geométricas puras y precisas. Los colores y sus matices, a veces apenas perceptibles, el brillo y la textura de la fórmica, corporizan las piezas de piso y sus trabajos de pared. Silvana es una artista que se niega a disciplinar los materiales con los que trabaja. Su obra exige la contemplación demorada y profunda, y no sería tan audaz imaginársela callada, sentada frente a sus piezas todavía inacabadas, a la espera de signos que ellas mismas dicten y que la guíen en la evolución del proceso hacia la obra terminada. Miguel Mitlag congela situaciones con su cámara, pero sus fotografías no son instantáneas ni retratos de alguna situación fortuita, sino que funcionan a modo de naturalezas muertas, en las que los personajes (casi siempre él mismo) participan de la composición con igual valoración plástica que un mueble, un instrumento o algún objeto; partes de un acotado repertorio de su interés, que Mitlag ordena en diferentes variantes cuando construye sus tomas. Eduardo Navarro trabaja sus desmañadas estructuras inflables con la misma certeza que los improbables protagonistas de sus dibujos. A los primeros corresponden el colectivo escolar descascarado, un precario jardín de invierno y la cabeza de un conejo sacado de un cómic; todos ellos parte del universo fuera de escala de Navarro, al igual que la cabaña en la que trabaja desde hace meses como parte de un proyecto hábitat. Esa construcción cuyo sincretismo disparatado resulta sorprendentemente verosímil, amalgama un cottage de montaña con una típica pagoda, con su interior poblado de lugares comunes y a la vez de situaciones entrañables. Déborah Pruden pinta sus óleos de paisajes y su reciente galería de retratos coloridos, Los videos de María Inés Szigety son el resultado de muchas horas de grabación, pero aún muchas más de edición. Hablan de dualidades, encuentros y desencuentros, comunicación e incomunicación, del hablar y no decir. Su interés por el lenguaje y los silencios como parte del mismo, han sido esenciales en Agustín, Poema Discurso y Palabras en blanco. En la obra Cambios la propia artista en un ritual ordenado y paciente, engrampa progresivamente su ropa a una silla hasta no poder moverse, momento en el que reinicia con igual cautela la operación inversa, que culmina al librarse de la inmovilidad autoinfligida. Las fotografías de Guillermo Ueno, carecen de toda afectación o artificio artístico. Con su cámara es testigo discreto de las escenas que retrata. Es un fotógrafo que sabe y puede esperar la composición perfecta para su toma. Las fuentes de inspiración son situaciones de familias o circunstanciales encuentros de amigos que captura en planos cortos de impecable elegancia. El trabajo con la luz es determinante, y le permite a Ueno valorar volúmenes y diferenciar protagonismos entre los personajes. Mónica Van Asperen trabaja desde hace muchos años experimentando materiales y medios; poniendo en práctica sus proyectos largamente elaborados. Las fotografías incluidas en esta muestra son parte de series en la que explora nuevamente el cuerpo, sus misterios e implicancias. Judith Villamayor trabaja en un taller-sala de operaciones virtual-media-lab, atiborrado de computadoras, scanners, impresoras y webcams. El equipamiento tecnológico de última generación se mezcla con esculturas hechas a partir de imágenes de vírgenes de yeso blanco que se consiguen en santerías de la zona del Abasto donde vive desde hace un año. Las vírgenes son re-construidas capa sobre capa con vela de colores derretida a las que les ha amarrado con cintas y a modo de diario de vida, los restos de alimentos consumidos durante esa jornada. En el proyecto para vía pública de sus afiches porno, realiza la operación inversa, de-construyendo con la ayuda de agua las imágenes bajadas de la web e impresas a gran escala. Sonia Becce |
A mostraA tarefa de configurar uma mostra coletiva resulta sempre uma experiência apaixonante. O ponto de partida de Civilização e Barbárie foi uma lista de nomes, uma seleção, em função do impacto com o qual estes artistas e suas obras contribuem, a meu ver, para o modo de entender a arte de nossos dias. Com o intuito de reproduzir alguma coisa da atmosfera do encontro do artista em sua oficina, e a riqueza das conversas, especulações e troca de idéias, foi que propus aos artistas que escrevessem os textos que acompanhariam sua apresentação no catálogo; alentando-os a falar sobre seu trabalho desde uma perspectiva que permitisse uma aproximação entre o espectador e a obra e ajudasse a esclarecer práticas, interesses e dúvidas das quais cada um deles participa. A presente publicação, o website da mostra, os desfiles de moda projetados para algumas das inaugurações e o intercâmbio com os artistas de cada país em mesas de debate, apresentações de obra e diálogos abertos; são produções que foram concebidas como partes integrantes de um todo, que é Civilização e Barbárie [Argentinos contemporâneos].
Os artistasAs obras de Ernesto Arellano compartilham certo ar de família com as personagens do manga japonês, que foi um dos elementos inspiradores de seu trabalho. Em suas esculturas recentes, o artista transmuda esses seres de sua própria criação, gerando um surpreendente número de peças de enigmática aparência, construídas em cera e depois levadas ao bronze, perpetuando-as ironicamente como objetos de culto e contemplação. Diego de Aduriz e Manuel Brandazza trabalham juntos desde o ano 2000. As coleções que lançam pontualmente duas vezes por ano, são performances nas quais os artistas não só são responsáveis pelo design das roupas, mas também da música, das luzes e da decoração. Vestidos, calças, camisas, casacões e alguns dos objetos emblemáticos de sua grife, são pensados como perfeitas obras escultóricas, cuidadas e plenas de detalhes, que permitem aproximar-se do universo do desenho de moda como categoria artística. Javier Barilaro escreve e pinta. Seu interesse manifesto pelo relato cotidiano, a imaginária de uma classe social suburbana e seus modos de diversão e lazer, são recriados em quadros inspirados nos cartazes publicitários que anunciam as apresentações de grupos de música popular. Suas telas são também o suporte útil, que o artista usa para condensar fragmentos de informação biográfica, Washington Cucurto, Fernanda Laguna e Javier Barilaro são os responsáveis por um solidário projeto editorial, Eloísa Cartonera, no qual se embarcaram faz quase dois anos e que leva publicada mais de uma centena de livros. Fabián Bercic constrói sua obra manualmente em sucessivas etapas, misturando químicos, fazendo moldes, pintando seus anjinhos a mão, com extremo rigor e detalhe. Os bonecos são uma síntese pessoal entre uma fonte indubitavelmente oriental e o catolicismo que faz parte de sua bagagem e formação cultural. Os rostos plácidos e belos pertencem a anjos que possuem uma virtude ou poder sobre as coisas ou as doenças, possíveis de serem advertidas pelas pistas de algum atributo que o artista se encarrega de incorporar. Na obra acerca do Via Crucis, as 14 estações do martírio, morte e ressurreição de Cristo estão representadas por outras tantas estruturas coloridas contendo imagens de anjos com expressões surpreendentes de dor e resignação. Diego Bianchi, procura com sua obra e procura para sua obra. As caixas de isopor que serviram em algum momento para albergar um eletrodoméstico, abandonadas por serem consideradas inúteis e imprestáveis, são empilhadas para construir suas edificações monumentais. Costuma apossar-se, também, de obstáculos e acidentes da rua, alterando seu volume pela inclusão de insuspeitos elementos e envolvendo a massa resultante com plástico aderente. Em suas intervenções mais recentes, fixa a fogo membranas de proteção e isolamento de tetos, fazendo com que elas “estourem” em paredes e superfícies exteriores. O estúdio de Flavia Da Rin é uma encantadora caixa de Pandora de onde saem desenhos trabalhados com programas de computador, algumas fotografias com amigos (vistosamente trajados para as encenações de quadros bíblicos) algumas fotografias de amigos (cenas de luta com fundo do porto de Buenos Aires) e auto-retratos irisados nos quais ela e seus clones são as personagens. Já faz algum tempo que trabalha intensamente em seus cadernos de bitácula, compêndios repletos de desenhos em cores fluorescentes, colagens e anotações casuais que funcionam como uma biblioteca ambulante de imagens, de onde Flavia extrai alguns dos apontamentos para suas obras. Lola Goldstein desenha e pinta sobre delicados papéis, que às vezes também recorta com tesouras de corte ondulado. As ferramentas e materiais que usa são as de um menino de jardim de infância, na aula. Daniel Joglar é um arqueólogo urbano e refinado. Muitas vezes encontra os materiais para suas obras em livrarias de bairro, como é o caso das resmas de papel de cores, post-it, tachas, grampos e broches, que empilha e reúne escrupulosamente. Em outros casos os brilhantes objetos das casas de venda de artigos para carnaval são a matéria prima para seu trabalho ou como ultimamente, a natureza é a que se incorpora e fornece restos de ramos gastos e branqueados por anos à intempérie. Ruy Krygier narra em seus elaborados vídeos, histórias disparatadas e complexas, com situações não isentas de humor, sarcasmo e ironia. Verdadeiros produtos acabados de um artista atento às características bizarras de algumas cenas cotidianas, vários deles têm sido editados em câmara, nos quais o artista é autor, diretor e protagonista múltiplo. Na obra Telgopor (Isopor) do ano 1997, a personagem (Ruy) se dedica a empilhar peças desse material, é infrutífero e recorrente o esforço, apesar do qual não consegue manter a estrutura em pé. Silvana Lacarra materializa o silêncio, e encerra o ar com suas construções geométricas puras e precisas. As cores e seus matizes, às vezes apenas perceptíveis, o brilho e a textura da fórmica materializam as peças de chão e seus trabalhos de parede. Silvana é uma artista que se nega a disciplinar os materiais com os que trabalha. Sua obra exige a contemplação demorada e profunda, e não seria tão audaz imaginá-la calada, sentada frente a suas peças ainda inacabadas, à espera de sinais que elas mesmas ditem e que a orientem na evolução do processo para a obra terminada. Miguel Mitlag congela situações com sua câmara, mas suas fotografias não são instantâneas nem retratos de alguma situação fortuita, senão que funcionam a modo de naturezas mortas, nas quais as personagens (quase sempre ele próprio) participam da composição com igual valoração plástica que um móvel, um instrumento ou algum objeto; partes de um limitado repertório de seu interesse, que Mitlag, ordena em diferentes variantes quando constrói suas tomadas. Eduardo Navarro trabalha suas desajeitadas estruturas infláveis com a mesma certeza que os improváveis protagonistas de seus desenhos. Aos primeiros correspondem o ônibus escolar desmascarado, um precário jardim de inverno e a cabeça de um coelho tirado de um comic; todos eles fazem parte do universo fora de escala de Navarro, igual que a cabana na que trabalha há meses como parte de um projeto hábitat. Essa construção cujo sincretismo disparatado resulta surpreendentemente verossímil, amalgama um cottage de montanha com um típico pagode, com seu interior povoado de lugares comuns e ao mesmo tempo de situações entranháveis. Déborah Pruden pinta seus óleos de paisagens e sua recente galeria de retratos coloridos com uma primitiva aparência de pinceladas espontâneas. A composição, as alusões e temas de suas pinturas reproduzem a atmosfera indulgente da pintura a plein air, nas quais Pruden controla ativamente o resultado. Em seus quadros, a pintura flui como matéria e como categoria artística, Os vídeos de María Inés Szigety são o resultado de muitas horas de gravação, porém muitas mais ainda de edição. Falam de dualidades, encontros e desencontros, comunicação e incomunicação, do falar e não dizer. Seu interesse pela linguagem e os silêncios como parte do mesmo, foram essenciais em Agustín, Poema Discurso e Palabras en blanco (Palavras em branco). Na obra Cambios a própria artista num ritual ordenado e paciente, grampeia progressivamente sua roupa a uma cadeira até não poder se movimentar, momento em que reinicia com igual cautela a operação inversa, que culmina ao se libertar da imobilidade auto-infligida. As fotografias de Guillermo Ueno carecem de toda afetação ou artifício artístico. Com sua câmara é testemunha discreta das cenas que retrata. É um fotógrafo que sabe e pode esperar a composição perfeita para sua tomada. As fontes de inspiração são situações de famílias ou circunstanciais encontros de amigos que captura em planos curtos de impecável elegância. O trabalho com a luz é determinante, e permite que Ueno valore volumes e diferencie protagonismos entre as personagens. Mónica Van Asperen trabalha já faz muitos anos experimentando materiais e meios; pondo em prática seus projetos largamente elaborados. As fotografias incluídas nesta mostra são parte de séries nas que explora novamente o corpo, seus mistérios e implicâncias. Judith Villamayor trabalha numa oficina-sala de operações virtual-média-lab, abarrotada de computadores, scanners, impressoras e webcams. O equipamento tecnológico de última geração se mistura com esculturas feitas a partir de imagens de virgens de gesso branco que são conseguidas em lojas de venda de artigos religiosos do bairro de Abasto onde mora já faz um ano. As virgens são reconstruídas camada a camada com velas de cores derretidas às quais se lhes têm amarrado com fitas e à maneira de diário de vida, os restos de alimentos consumidos durante esse dia. No projeto para via pública de seus cartazes pornô, realiza a operação inversa, de-construindo com a ajuda de água as imagens baixadas da web e impressas a grande escala. Sonia Becee |